Los días aquí pasan rápido
pero muy lentamente.
Las mañanas se funden
con la luz solar, y las noches
con las tinieblas del más frío invierno.
Cada día que pasa
la inconsciencia me atrapa más y más,
hablando en francés
la supercuesta se me hace llanura,
aunque mis piernas
no opinan lo mismo que la mente,
totalmente ocupada en la nada,
la nada de la espera
a ver qué pasa al levantarme cada mañana.
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